29. Clásicos y modernos en el Aula de Música
Eran las ocho de la tarde cuando el cronista que esto
escribe, entonces recién llegado al Colegio Mayor, tenía ya la cabeza apedreada
de mil razones y discursos incomprensibles que le venían cayendo encima desde
las tres, en forma de lecciones de un curso abreviado de formación que
pretendía demostrar la inopia de los nuevos: filosofía de la nada, los carros
M48, nomenclatura del fútbol español, y otras materias de parecido nivel. Fue
entonces cuando apareció aquel sabio más bien bajito, de vocecilla un tanto
aflautada, para impartir su conferencia-audición sobre la música de un tal Bela
Bartok, al final de la cual el novato vino a confirmar que había ingresado en
un lugar ajeno e incomprensible en que, hasta la música, más que aquietar los
espíritus, inquietaba y confundía las mentes.
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| Los colegiales Ríos y Roncero, a los mandos musicales. |
Seguramente estas primeras
impresiones avisaban de la importancia cultural de aquel sitio, al alcance de
pocos. Porque, según cuentan, en una publicación de CSIC se establecía que en
aquellos tiempos Murcia limitaba al norte con la Casa de la Cultura, al este,
con la Universidad de la Merced, al oeste, con el museo Salzillo, y al sur, con
el Colegio Mayor; lo cual no era poca cosa para el Ruiz de Alda, muy alejado
del centro de la capital provinciana, ya de por sí dominado por una cierta
atonía cultural.
En este contexto vino a nacer el
Aula Musical del colegio mayor, junto a otras asociaciones –Teatro Estudio,
Kineidos, etc.−, dinamizadoras de las inquietudes culturales de los colegiales
y también foco de proyección de sus actividades al resto de la comunidad
universitaria y a otros núcleos culturales, aunque estuviera en los márgenes de
la ciudad.
Físicamente, el Aula de Música se
reducía a un piano vertical instalado en la sala del bar y una discoteca con un número considerable de discos microsurcos
apilados en la repisa de la sala de estar, al fondo a la derecha, junto la
escultura de madera de un cocodrilo. Unos altavoces en las esquinas de la
habitación conectaban con la pequeña pecera, fuera, más allá del mostrador de
la conserjería, donde decían que se encontraba el tocadiscos, que podían
manipular los miembros del Aula de Música, previa petición de la llave. Aunque
más precisas son las memorias fidedignas que anotan que en el curso 1954-1955
“se logró la adquisición de un equipo completísimo para la audición de
grabaciones en microsurco −actividad esencial de la AMU− con doble banda sonora
y excelente fidelidad reproductora”.
Era una interesante discoteca que contaba
ya en el año de la inauguración del Colegio con “un centenar de microsurcos”, a
partir del donativo de un lote de discos por parte del catedrático Manuel Muñoz
Cortés, con motivo de la apertura del Ciclo de Orientación Musical, celebrada
con una audición comentada. Una inauguración que se repetiría en el comienzo de
los cursos siguientes “con audición a base de grabaciones en microsurco”,
dirigidas por el propio catedrático. Audiciones de música sinfónica, frecuentes
y publicitadas en atractivos programas de mano, a las que asistían los
colegiales del Aula y melómanos de fuera. Mientras, la colección se engrosaba,
además, con la donación de un disco que muchos colegiales hacían al ingresar en
la asociación o al terminar su estancia en el colegio.
Allí en la sala de estar tenían
lugar las conferencias, coloquios, audiciones y recitales, con el invitado, que
había compartido la cena, rodeado de un público cercano, compuesto de los
colegiales, profesores de la universidad y jerarquías del SEU, sentados en dos
o tres filas de cómodos sillones, y de pie. Y si la ocasión o la solemnidad de la
celebración lo requería, el evento tendría lugar en el pequeño salón de actos
del colegio, o más allá, en el Conservatorio de Música, hasta donde llegaba la
influencia del colegio lejano, convertido en un foco de cultura musical de
primera categoría.
Lo cierto es que en los mentideros
de la vida universitaria y en la prensa local quedó reflejada una intensa
actividad musical, que honraron con su presencia músicos y agrupaciones hoy
desconocidos, y también autoridades de primera línea en el mundo de la música
como el padre Federico Sopeña, la cantante Ángeles Nistal, la pianista Rosa
María Kucharski, los guitarristas Regino Sainz de la Maza y Narciso Yepes, el
Cuarteto Bethoven o la orquesta Mozart de Valencia.
Allí, en la sala amplia y luminosa,
los melómanos se encerraban, antes o después de la comida o de la cena, a
solazarse con la música, haciendo la competencia por las tardes y las noches a
los partidos de futbol o las series y películas de la televisión, que eran el
entretenimiento de la mayoría. Allí formaron sus gustos musicales verdaderos
melómanos, al tiempo que los extendían al resto de la comunidad colegial.
Durante muchos años, desde 1955, allí estaría Octavio de Juan, que ya empezaba
a ser una autoridad mayor en el ámbito musical de la ciudad, y los hermanos
Cremades, y Diego Baños, y Rafael Palacios, y Sergio García, melómanos
empedernidos que procuraron extender las preferencias de los colegiales también
hacia la música popular.
Pero siempre manteniendo la armonía
de los gustos de unos y de otros por la música clásica o la popular, una
dicotomía que ya en sus comienzos distinguía amablemente entre los seguidores
de una y de otra, conocidos unos como los de Mozart y los otros como los de Gloria
Lasso. Variedad de gustos que se fue enriqueciendo con los primeros y
estridentes sones del rock y los hits de unos Beatles que escandalizaban más
por sus pelucas que por sus músicas, junto a las dulces y melancólicas melodías
de los boleros, que resonaban todas en los microsurcos del Aula Musical, junto
a los clásicos, o eran interpretadas en vivo por los músicos y voces que las
estaban ensayando con la rondalla.
José Quiñonero Hernández, Colegial
1969-1974.

Aula musical, que recibía un disco de cada colegial nuevo para ir engrosando los fondos.
ResponderEliminarLa fotografía corresponde al año 1981, está realizada en el estudio de FM de Radio Popular de Murcia (Arco de Santo Domingo), hacíamos unos programas en aquella época Susi (Jesús Saiz, que nos dejó hace unos años), Manolo Roncero y yo, Juan Rios con una barba y un pelo ya olvidado (Hormigón).
En aquellos años (1977-1984), dinos un empujón al Aula, adquirimos equipación nueva (plato estroboscópico, bafles, pletina bicanal) y organizamos varios conciertos de cantautores y cantautoras en el salón que daba a Huerto Capuchinos.
Recuerdo los días en que pintamos la estancia de un azul marino intenso y pusimos tubos fluorescentes, todo un "antro musical".
Fuimos los seguidores del lorquino Clemente y "echamos" unas horillas con los Credence, Pink Floid, Supertramp, Barbara Streisand, Ray Charles, Steve Wonder y tantos otros, sin olvidar, flamenco, clásica y jazz, toda una miscelánea en concordancia con el Ruiz y sus inquilinos
Gracias, por los recuerdos. Saludos
Juan Rios Laorden, colegial 77-84
Parece ser que la Música estaba también en el ADN del Colegio Mayor. Recitales de interpretes famosos se mezclaban con audiciones comentadas, con una excelente colección de vinilos de todo tipo de música, acrecentada año tras, con nuevas adquisiciones o con donaciones institucionales o de los propios colegiales. Ese Aula Musical, se consolidaba con la presencia entre los colegiales de grandes aficionados a la música como Octavio, Paco Cremades, Alberto Requena, Clemente Manzanera, Juan Ríos y un largo etc, que se preocupaban por fomentarla
ResponderEliminarRecuerdo con sumo agrado personal, escuchar en la sala de visitas, acomodado en un confortable sillón, la obertura "1812", de Tchaikovski, con su alarde de cañones y campanas o la "Sinfonía del Nuevo Mundo", de Beethoven o algún disco de los Beatles o "Papel de Leja" de José María Galiana. Todo un descubrimiento para un imberbe, recién llegado de un páramo cultural como era la Lorca de aquellos primeros años de los 70 y todo un lujo, tener un espacio para escuchar y disfrutar de buenos momentos. En aquella sala, con aquella música y con aquellas condiciones, me sentía como un auténtico privilegiado.
En mi memoria, dos pianos, uno de cola, muy desafinado, en la sala de visitas, y sala de audiciones musicales. y otro vertical, en el salón del bar, muy deteriorado. El de cola, según me comentó Alberto Requena, que fue subdirector y excelente pianista, se trajo desde Cartagena, de la sede de RNE; el vertical, estaba en el Colegio, desde sus primeros tiempos.
He recordado Octavio de Juan, colegial almanseño, con el que no coincidí por edad, pero que fue compañero durante muchos años en la Administración Regional. Octavio contagiaba el entusiasmo por la música y al igual que dirigía el coro del Colegio Mayor , fue crítico musical de "La Verdad" durante un buen puñado de años hasta su fallecimiento. Octavio me decía que aunque no entendiese ni un solo compás de la música, que la sintiese y así lo experimenté cuando juntos escuchamos de mi paisano Narciso Yepes, el Concierto de Aranjuez, con motivo de la creación de la Asociación ProMúsica de Murcia. Gracias a él durante unos años se acrecentó mi interés por la música clásica y mi asistencia a los conciertos de la Asociación.. En ese ámbito, conocí a Francisco Cremades, también subdirector y gran melómano, quien contaba y no paraba sus vivencias y anécdotas de sus años en el Colegio Mayor. Ahora, estoy conociendo la faceta de pianista de otro subdirector y amigo, Alberto Requena; para certificarlo, periódicamente nos remite a algunos compañeros, breves composiciones interpretadas por él al piano. Una delicia.
En mis años de colegial, además de las audiciones personales y los buenos momentos escuchando la buena música, recuerdo la rondalla en las noches de ronda. Algunas veces les acompañé, pero solo eso, de acompañante, pues Dios no me dio oído, si no, oreja. Ya en mis años de Subdirector apostamos por la música folk y con la gran colaboración de Juan Ríos y de un montón de compañeros, organizamos dos años un par conciertos, que los llamamos festivales de Música Folk, con el grupo "Siembra", con Manolo Luna - que fuera compañero de promoción en la Universidad - y con otros grupos e interpretes. Juan se lo curró mucho y tuvimos cierto éxito y repercusión. El "Ruiz de Alda" estaba vivo y movilizaba mucha gente de la Universidad que seguramente escuchaba por la noche, casi de madrugada, un programa de radio de música tranquila, donde dialogaba la música y la palabra, con Juan Ríos y otros colegiales, como él recuerda. . Alguna noche le acompañé e incluso, creo recordar que colaboré con algún texto.
Juan Ríos Laorden fue un personaje muy carismático en aquellos años en el Colegio Mayor.. Muchas actividades llevaban su sello, su dedicación, su esfuerzo y creatividad, arrastraba a la gente y era un verdadero líder. Todo un referente en este caso, en las actividades musicales, al igual que los demás reseñados y otros más. Como decía Borges " Gracias por la música, misteriosa forma del tiempo"