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Mostrando entradas de septiembre, 2026

30. Ensayos corales y noche de ronda

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Allí, en la iglesia de San Andrés, y concretamente en la capilla del Marqués de Corvera, a las once de la mañana del dos de diciembre de 1956, ustedes hubieran podido ver el pequeño reciento repleto de autoridades, jerarquías y representaciones del Régimen y de la Universidad y, tras ellos, una nutrida tropa de Colegiales del Ruiz de Alda, todos vestidos de fiesta, bien trajeados y encorbatados, que asistían devotos a la misa de comunión general, oficiada por el recién nombrado capellán, don Luis Montaner, acompañado del coro del Mayor, que “interpretó diversos motetes religiosos”, con motivo de la consagración de los colegiales a Nuestra Señora de la Arrixaca. Fiesta de La Arrixaca, curso 1967-1968 (Archivo Manuel Acosta).      Si además ustedes son algo curiosos, les gustaría saber que este coro, ya en el curso 1952-1953, año de la inauguración del Colegio, “consta de 30 voces estando integrado su repertorio por canciones populares y regionales e himnos litúrgicos”, y p...

29. Clásicos y modernos en el Aula de Música

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Eran las ocho de la tarde cuando el cronista que esto escribe, entonces recién llegado al Colegio Mayor, tenía ya la cabeza apedreada de mil razones y discursos incomprensibles que le venían cayendo encima desde las tres, en forma de lecciones de un curso abreviado de formación que pretendía demostrar la inopia de los nuevos: filosofía de la nada, los carros M48, nomenclatura del fútbol español, y otras materias de parecido nivel. Fue entonces cuando apareció aquel sabio más bien bajito, de vocecilla un tanto aflautada, para impartir su conferencia-audición sobre la música de un tal Bela Bartok, al final de la cual el novato vino a confirmar que había ingresado en un lugar ajeno e incomprensible en que, hasta la música, más que aquietar los espíritus, inq uietaba y confundía las mentes. Los colegiales Ríos y Roncero, a los mandos musicales.      Seguramente estas primeras impresiones avisaban de la importancia cultural de aquel sitio, al alcance de pocos. Porque, según cu...

28. Seis años inolvidables

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A finales de septiembre de 1969 llegué al Colegio; era la primera vez que salía de casa y tenía 17 años. Mis padres, advertidos por mí, me dejaron en la esquina de la calle Huerto de Capuchinos. Yo caminé tembloroso hacia el número 8, donde había un cierto jolgorio: la llegada de los novatos. En una mano llevaba una maleta pequeña de plástico y en la otra un flexo para estudiar.      Cuando acabé el PREU en el Instituto Isaac Peral de Cartagena, y ap robé el correspondiente examen en la Universidad de Murcia, se planteó un dilema en mi casa: ¿dónde iba a estudiar medicina? y ¿dónde iba a residir? La duda la resolvió inmediatamente Paco Montoya Molina, químico y excolegial del Colegio Mayor Julio Ruiz de Alda, quien a la pregunta de mis padres contestó: “¿Pues dónde va a ir? Por supuesto, al Ruiz de Alda”, nombre que sonaba a chino en mi casa.      Tengo vaga memoria de mis primeros días, per o  sí recuerdo subir las escaleras que conducían al hall y e...