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Mostrando entradas de enero, 2026

10. El futuro, en la ventana

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Mírenlos. Ahí están, en este otoño de 1969, casi en el aire, como por encima del mundo, en una especie de atalaya de la vida humana, a horcajadas entre el abismo y el ansia de futuro. Mírenlos: unos despreocupados y contentos, atentos solo a salir bien en la foto; algunos con la vista al lado, entre alegres y temerosos ante lo nuevo y lo desconocido; no falta quien mira hacia abajo con una cierta sensación de vértigo, junto a otros de gesto serio y reconcentrado, imagen de una cierta preocupación por lo que se les viene encima; sensaciones encontradas que el último de la fila pretende sacudirse con un gesto enérgico y solemne de confianza en el futuro. Alumnos de la primera promoción de Medicina, en el alféizar de la ventana de la sala de visitas (Foto M. Pérez- Guillermo).      Han venido desde los cuatro puntos cardinales a la metrópoli huertana: de la ciudad, del pueblo o de la aldea; díganse Cartagena, Albacete, Mazarrón, Coy, Guardamar del Segura… Son cada uno de su ...

9. Sones y ecos colegiales del 68

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Esta cifra mítica, referente de una época, ahora se la contempla con cierta añoranza, pero entonces no significaba nada, ni siquiera imaginábamos que íbamos a vivir la década prodigiosa (1960-1970) y que 1968 sería su año talismán. El mito se construiría después.      Muchos han perdido la memoria de aquello, otros dicen que no pasó nada. Pero, en este sentido, se pueden recordar las palabras pronunciadas por el director de entonces (Fernando Martínez y González) con ocasión del 50 aniversario del Colegio Mayor (2002): Llegados a este punto, resulta obligado dejar constancia de dos inesperadas ráfagas de vendaval que inciden de lleno en el centro mismo de la singladura que reseño en este apresurado cuaderno de bitácora: son el mayo francés del 68 y el ocaso vital de la entidad fundadora del Colegio Mayor. Pues bien, el cronista debe añadir que ambos vaivenes, tanto aquel acontecimiento exterior tan próximo como el otro más íntimo de ver morir primero al último de los si...

8. Un aprendizaje provechoso

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Dicho queda en otro lugar que, para un personaje tan tímido y encogido, con muy escasa capacidad de relación con un entorno alejado de la llaneza de sus predios rústicos, las novatadas suponían una tensión y una angustia inimaginables. En cualquier momento, en los pasillos o en la calle, se podía abalanzar sobre ti una tropa de energúmenos de comportamiento imprevisible o podía entrar una jarca en tu habitación sin ningún permiso ni miramiento para molerte con un chorreo de preguntas, descalificaciones y burlas. Un sinvivir que se prolongaba en la mesa, donde el pardillo era el objeto de la atención y de la burla de los cinco basiliscos que se sentaban con él: le retiraban la comida o lo obligaban a comer la de todos, se la salaban o se la azucaraban desmesuradamente, lo obligaban a ir por otras mesas con mensajes o proposiciones absurdas que provocaban la sorna y la descalificación de los demás comensales, que se recreaban con el ridículo del novato inerme, zarandeado por unos y por o...