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Mostrando entradas de diciembre, 2025

7. El olvido de los lectores de idiomas

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En la Universidad de Murcia siempre existió un interés por el estudio de otras lenguas, desde aquellos primeros catedráticos de 1916 (Loustau y Fernández-Nonídez) que hablaban francés o inglés, hasta el laboratorio de idiomas que instaló la profesora Margarita Zielinski en 1966. La  Crónica de la Universidad de Murcia  del rector Recaredo Fernández de Velasco ya indicaba que, en 1929, la biblioteca de Ciencias estaba muy bien dotada de libros y revistas internacionales:  Revue des Sciences  (francés),  Journal of Heredity  (inglés) o  Annalen der Physik  (alemán)… No es de extrañar, por tanto, señala el profesor Acosta Echevarría, que también existiese un interés por contar con la presencia de profesores o lectores nativos que aportasen más calidad a la enseñanza de idiomas. Nos consta que, entre 1941 y 1943, el profesor Luis Flachskampf impartió clases de alemán y que el profesor Loustau, decano de Ciencias, le apadrinó para que se alojase en el ...

6. La llegada

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Llegué a Murcia el 12 de octubre de 1977, como casi todos mis compañeros del curso de COU. El resto se expresaba en la unidad. La unidad era uno del grupo, que tras pasar un curso preparando la Selectividad de Ciencias, se puso a estudiar Derecho. Eso sí, todos terminamos en la Universidad de Murcia, por entonces también la universidad de nuestra tierra albaceteña, como quedaba patente en aquel ilustrativo escudo conformado por Alfonso X el Sabio y a sus pies los emblemas murcianos con sus siete coronas y los albaceteños con sus tres torres y el murciélago.      Por aquellos convulsos años, socialmente a caballo entre la reciente abandonada dictadura y una infantil democracia, llegamos a una ciudad vivaracha, en evolución y luminosa. Las antípodas de lo que dejábamos atrás.      Éramos jóvenes, muy jóvenes, adolescentes casi, y el mundo estaba a nuestros pies dispuesto a dejarnos entrar en sus entrañas. La Universidad fue la disculpa para todo a partir de e...

5. Viaje a Ítaca

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Corría el año del Señor de 1973, el de las terribles inundaciones de Lorca y Puerto Lumbreras, cuando un sin par ministro de Educación, Julio Rodríguez, le dio la vuelta al calendario académico y el curso 73-74 se convirtió, de la noche de la mañana, en el curso 1974; eso sí, con tres meses lectivos menos, lo que supuso un impacto importante para aquellos estudiantes  − entre los que me encontraba −   que, tras el experimento del COU y la innovadora prueba de acceso a la universidad, iniciábamos los estudios universitarios fuera de nuestra localidad. En mi caso, en la Universidad de Murcia, donde había conseguido plaza en el Colegio Mayor Julio Ruiz de Alda, un lugar de élite que, en la terminología de la juventud más avanzada del momento  − los progres de ayer − , era una residencia de señoritos o de paniaguados del régimen. La verdad es que no era ni una cosa ni la otra, aunque había sus excepciones. Sin embargo, puedo prometer que, meses antes, algunos no sabíamos ni q...