25. Kineidos, una apuesta por el cine
A ustedes, y tal vez a mí, el cine nos entra hoy por los ojos desde la
pantalla gigante del televisor instalado en salón de nuestras casas, donde se
ofertan infinidad de películas recién rodadas o filmes de antaño, a gusto del
consumidor, adicto a una u otra plataforma digital. Pero esto no siempre fue
así: para ver películas había que ir al cine, de estreno o de reestreno, donde
se proyectaban las superproducciones del Hollywood, las últimas de romanos o
del Far West y las españolas de tema folclórico o de comicidad casposa.
Para evitar esta oferta fácil, a partir de finales
de los años cincuenta proliferaron las proyecciones de cine comprometido,
decían que con mensaje, en centros e instituciones culturales, que facilitaban
el acceso gratis a un cine alternativo que no se solía ver en las salas
comerciales. Surgió así el cinefórum, del que Kineidos, Seminario de
Orientación Cinematográfica, del colegio mayor Ruiz de Alda, fue pionero en el
reducido ámbito de la cultura murciana. Desde la creación del colegio en 1952,
Kineidos tenía como función fomentar la formación cultural, iniciar en el
conocimiento de la técnica y de los valores del cine, crear el interés por el
mismo y participar en la propagación y organización de concursos y actividades
que fomenten el interés cultural por el fenómeno cinematográfico, según se
recogía en sus estatutos.
A este propósito, las crónicas citan por primera
vez las actividades en torno al cine dando noticia de una conferencia de
Agustín Muñoz, titulada La obra y el
quehacer cinematográfico, de 1953; dejando constancia en 1955 del ciclo de
conferencias Revisión del cine español,
ilustrado con proyección de películas, mientras que en 1957 se publicitaba una Sesión de cine amateur catalán,
organizado por Kineidos. Así se fueron desgranando ciclos de conferencias sobre
arte y técnica cinematográfica y sobre el cine español, europeo y americano,
acompañadas de proyecciones, publicitadas con programas de mano y fichas con el
detalle técnico y crítico de los filmes, y cerradas con foros de intenso debate
tras las proyecciones, que se alimentaban de la lectura de revistas como Primer plano, Film Ideal y, posteriormente, Dirigido
por, que creaban una ambiente de interés hacia el cine, e incluso de
cinefilia, digno de reseñarse.
En este ambiente cinematográfico se movían
activistas omnipresentes en toda clase de manifestaciones culturales,
diletantes de cualquier actividad que supusiera novedad frente a lo
establecido, como el catedrático Muñoz Cortés, enterado de todo, y Antonio de
Hoyos, profesor y sabedor más o menos minucioso de muchas lenguas y culturas,
junto a otros amateurs del cine que
iban surgiendo entre los propios colegiales, como Francisco Cremades en los
años sesenta y Fernando Castelló en la década siguiente.
Aunque sobre el terreno el cinefórum no era tan
sencillo: días de proyección en que siendo las nueve de la noche, aún no habían
llegado los rollos de la película, e incluso algún sabotaje de orden subversivo
que los hizo desaparecer, o semanas en que la censura había retirado de la
distribución la película elegida. Por no hablar de la lámpara que se fundía
nada más empezar la sesión, o de los empalmes continuos que requería el
celuloide deteriorado y recortado de las cintas. Ocasiones estas que los colegiales
e invitados aprovechaban para el chascarrillo, la tertulia o el cigarrillo
compartido en pasillos y lugares adyacentes.
Aunque las cosas podían llegar a mayores, o a
menores, según se mire, como dicen que recordaba Paco Cremades, jefe de
estudios, subdirector y animador cultural del colegio en los años sesenta.
Según él, la situación económica del colegio en algún momento llegó a ser tan
precaria, que no alcanzaba para adquirir y proyectar las películas, así que,
aguzando el ingenio, se decidió comisionar a un par de colegiales memorillas
para que asistieran a las proyecciones más llamativas de los cines comerciales,
para luego venir a contarlas a los
colegas del círculo cinematográfico, sin olvidar detalle de tramas y
argumentos, de los grandes conflictos y pequeñas anécdotas, ni la crítica de
los actores –John Waine, Clark Gable, Chalton Heston- y la erótica de las
actrices -Marlen Dietrich, Rita Hayworth o Grace Kelly-, incluyendo, además, el
silbado de la música de El puente sobre
el río Kwai o el tarareo de la de Solo
ante el peligro. Que no crean ustedes que estos métodos “creativos” de
transmitir la magia del cine solo son fruto de la ficción de novelas y filmes
posteriores, como La contadora de
películas, que retrata este ingenioso recurso de compartir filmes en unos
galpones de mineros, en el lejano desierto de Atacama.
Así fueron pasando los años, y todos los cursos
allí estaba Kineidos para satisfacer los gustos de los cinéfilos, fuera con un
ciclo de humor con los clásicos del cine mudo para liberar a los colegiales de
las preocupaciones del estudio en el último trimestre, fueran títulos del nuevo
cine europeo desde Losey a Bergman, fueran los grandes hitos de la historia del
cine de Ciudadano Kane a Qué verde era mi valle, o las películas
de culto del cine español como El verdugo,
La caza o El espíritu de la colmena. Y muchos recordamos este oasis de
entretenimiento y de ilustración, que aliviaba un tanto la sequedad de aquellos
tiempos y la aridez y la monotonía del estudio. Que entonces, para bien o para
mal, no existían el cine en casa ni las redes sociales.
José Quiñonero Hernández, colegial 1969-1970.
Kineidos, fue, sin duda, la gran asociación colegial. El cine nos transportaba a países y a culturas lejanas, nos enseñaba mundos desconocidos, nos abría la mente y generaba expectativas e ilusiones. El cine, en el Colegio Mayor, nos permitía socializar con compañeros y compañeras de los otros Colegios Mayores; era una ventana que proyectaba al Colegio Mayor en el mundo cultural murciano y, en tiempos tan complicados, nos impulsaba a la reflexión y también al divertimento. Conocí muy bien Kineidos, participé muy activamente en mis años de colegial, junto con Pepe Castelló y otros compañeros y mucho más en mi años de coordinador de actividades. De todo ello, de los interiores de Kineidos y de su significación, aportaré mi visión en este blog.
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