20. Primavera del 72 (y III): El viaje a ninguna parte
Previendo que nuestra petición de dimisión del director no tendría
efecto, habíamos decidido apelar a las autoridades superiores. Eran
estas el Rector de la Universidad y el Gobernador Civil −éste, como Jefe Provincial
del Movimiento−. Procedía, pues,
solicitarles audiencia para exponerles nuestra petición y las razones que la
sustentaban.
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| El rector impone la Beca de Honor al gobernador civil, siendo padrino el director del Colegio. |
No menos interesante
es la motivación de nuestra petición de dimisión: “La desasistencia por parte
de la Dirección a sus deberes de formación de los colegiales han motivado la
repulsa de la totalidad de los mismos, culminando en una petición de dimisión
respaldada por la firma de (todos) los colegiales, formulada en Capítulo
celebrado en la noche del día 25”.
[La palabra “todos”
figura en el borrador entre paréntesis, y no puedo decir si pasó o no a la
versión en limpio. Indica las dudas que teníamos sobre las firmas, como ya he expresado].
Añadíamos luego un
párrafo discutible, pero rigurosamente cierto, subrayando la ausencia de
motivaciones políticas: “Nuestra intención es hacer constar a S.E. la ausencia
absoluta de cualquier matiz político en nuestras peticiones; el único deseo del
Colegio es contar con un director que cumpla las funciones de tal”.
No puedo garantizar
que este borrador coincidiera exactamente con el escrito que se presentó luego
en el gobierno civil, aunque no hay motivos para ponerlo en duda, salvo en el
caso de la palabra “todos” que pudo o no incluirse.
A la vista de este
texto, cabe deducir que en el rectorado nos dieron la cita solicitada
verbalmente y ello explica la ausencia de un escrito similar. Como no pudo
pedirse antes del día 26, lo probable es que la fecha se retrasara ya a mayo,
pues el 28 era viernes y tras él venía un “puente”, al ser el 1 de mayo
festivo.
En cualquier caso, si no
recuerdo la fecha, sí recuerdo haber asistido a ella, entre otras cosas porque
al entrar se produjo uno de esos incómodos silencios, que yo −pese a mi timidez−
me forcé a romper. D. Manuel Batlle imponía. Llevaba más de 25 años como
rector, y tenía notoriedad nacional y política, pues era procurador en Cortes y
consejero del Reino. Los alumnos de Derecho reconocían que, aunque riguroso y
exigente, era un buen profesor de Derecho Civil. Creo recordar que se mostró amable y amistoso,
aunque minimizó la importancia de las firmas de los colegiales que le
mostramos, señalándonos que en las Cortes era corriente recabar firmas para
cualquier proyecto, sin que eso supusiera un apoyo real.
Como es obvio, nuestra
principal intención era dar a conocer a las instancias superiores la existencia
de nuestro conflicto, pero sin hacernos ilusiones respecto de una hipotética
ayuda. Imagino −ahora ya no recuerdo− que la entrevista con el rector se
tradujo en buenas palabras que no nos dejaron mal sabor de boca, pero sin
resultado práctico.
No puedo contar
acontecimientos posteriores hasta mediados de mayo. Sin duda habría reuniones,
corrillos y hasta asambleas, pero no hay nada registrado. La demora en la
respuesta del Gobernador Civil nos preocupaba, por cierto, pero tampoco puedo
decir que adoptáramos alguna decisión antes del 16 de mayo.
Ese día se convocó un
capítulo, para que el director diera explicaciones y contestara a las preguntas
de los colegiales. Pero Fernando se negó a hablar ante todo el Colegio sin
hacerlo antes con la Junta Rectora, con lo que hubo que desalojar la sala de
visitas y ya en petit comité, enfrentarnos con el director. De esta
reunión conservo una minuta, escrita por mano ajena a la mía y no recuerdo nada
de la misma, aunque sin duda debía estar presente. La minuta se redactó para
dar a los colegiales información de lo ocurrido en la reunión, y supongo que se
pasó a máquina o ciclostil y se difundió entre ellos. Esta finalidad explica
que algunos de los párrafos estén tachados, aunque en general, las tachaduras
no impiden la lectura.
A nuestras preguntas
sobre retirada de algunas actividades programadas −conferencias sobre temas
polémicos, o incluso una sobre Picasso, que habría dado el catedrático Gómez
Piñol−, Fernando se amparó en la “inoportunidad política”. También justificó su
negativa a hablar ante el Colegio, por existir “ciertas razones de carácter
privado que no podrían ser expuestas en público por atentar a la autoridad del
cuerpo representativo”.
Aunque parezca una mala redacción del que escribió la minuta, el
conjunto de lo que dijo esa noche Fernando tenía un tono surrealista similar.
Entre las cosas que tachamos para excluirlas del resumen de la reunión que
pretendíamos dar, hay alusiones a que uno de los decanos −Flavio Martín− “estuviera
en relación con la política anti-colegio”. Tan absurdo como eso fue la
afirmación de Fernando de que ”él, como es lógico, iba a colaborar con
nosotros en la consecución de su dimisión”, y su insinuación acerca de “la
existencia de ciertos elementos subversivos en el Colegio” relacionados con un
marista llamado Jarauta −cuya existencia, creo yo, ignorábamos todos.
De la lectura de la
minuta se saca la impresión de que, sencillamente, tiraba balones fuera. A esas
alturas Fernando ya conocía nuestra entrevista con el rector, cosa que
obviamente le molestó, pero sólo se quejó en forma moderada diciendo que “de haberle
expuesto nuestros propósitos…, nos habríamos ahorrado muchas molestias”.
Aunque en general se
desarrolló en términos tan versallescos como absurdos, hubo un incidente
violento cuando un decano −del que la minuta omite el nombre y yo no recuerdo
el incidente− mencionó “la necesidad de lavar la ropa sucia”, lo que provocó
una amenaza del director, que se atajó por el resto con llamadas al buen
sentido. La reunión terminó con Fernando pidiéndonos que le dejáramos tramitar
a él solo su dimisión, cosa a la que nos negamos en redondo.
En esa fecha, esto es
seguro, seguíamos sin tener noticias del gobernador. Temíamos que diera la
callada por respuesta, pero no podíamos forzarlo a recibirnos. Fue idea
precisamente de Flavio que ejerciéramos el derecho de petición, regulado en el
Fuero de los Españoles, que daba derecho a cualquier ciudadano a dirigirse al
Jefe del Estado. Según Flavio, cuyo padre era magistrado, un preso lo había
hecho y su queja llevó a las autoridades judiciales y carcelarias de calle.
Ignoro cuándo surgió esta idea. Es posible que fuera antes de la reunión del 16
de mayo, pero evitamos mencionarla, no ya a Fernando, sino a nadie.
La cronología de los
hechos hace probable que el rector nos recibiera en la primera semana de mayo,
entre el 1 y el 5. Que dejáramos pasar una semana más, esperando noticias del
gobernador no es inverosímil. Pero ya la semana del 16 −martes− debíamos haber
llevado a cabo nuestra idea y enviado el escrito al Jefe del Estado.
Conservo un borrador −de
letra ajena− de este escrito, pero sin fecha. En él, tras aludir al art. 21 del
Fuero de los Españoles exponíamos los motivos de ésta, aunque dando como
antecedente la existencia de “una disensión total y absoluta entre el director
y los colegiales de este colegio, motivada por su inasistencia a las tareas de
dirección e incumplimiento de su deber de formación de los colegiales”.
Tras contar que en el
capítulo de 25 de abril se pidió su dimisión “avalada por las firmas de la
totalidad de los colegiales”, se exponía que habíamos solicitado audiencia del
gobernador el día 26 y que “esta audiencia, reiteradamente pedida, aún no nos
ha sido concedida”.
Vuelvo a recordar que
lo que se conserva es el borrador, que pudo modificarse antes de enviarlo. Dicho
lo cual, tiene dos puntos de interés, dos afirmaciones no seguras que constan
en este borrador: una, que firmó “la totalidad” de los colegiales y dos, que
habíamos pedido “reiteradamente” audiencia al gobernador. Aunque mí
deficiente memoria no lo recuerda, está escrito y hay que darle cierta
credibilidad.
Ya he señalado que el
borrador carece de fecha. Pero su envío debió producirse a mediados de mayo,
poco antes o poco después de la reunión del día 16. Sobre el envío hay un
embrollo, que no puedo aclarar. Conservo el recuerdo de haber ido −quizá con
alguien más− a Correos a enviar la carta dirigida al Jefe del Estado. Lo
recuerdo por la vergüenza que me daba, pensando en la cara que me pondrían
cuando fuera a certificar la carta. No ocurrió así, por cierto, pero ese
recuerdo ha persistido
Pero esto se
contradice con otro recuerdo que procede de mi amigo Rafael Ruiz. Según él, por
encargo nuestro −sin poder concretar quien lo hizo− se acercó una noche a la
estación del Carmen a echar en el buzón de alcance del tren correo la carta
dirigida al Jefe del Estado. El citado “buzón de alcance” permitía echar en dicho
tren una carta que, al día siguiente, estaba en Madrid lista para ser
repartida. Pero no me cabe en la cabeza que una carta de esa importancia se
enviara sin certificar. Además de que Rafa, que era mi compañero de habitación,
lo habría hecho por encargo mío, y yo no lo recuerdo. Cierto que han pasado
cincuenta años. El caso es que hay una contradicción que no puedo resolver.
Otra cuestión fue que
a la carta adjuntamos, como parecía lógico, una fotocopia de las firmas de los
colegiales, para acreditar que habían apoyado nuestra petición de dimisión del
director. Hasta aquí, parece correcto. Pero no informamos a los firmantes del
hecho, sino cuando nos hubo recibido el gobernador. Alguno nos lo reprochó, y
no le faltaba razón, pero creo que hicimos lo más prudente.
Porque, volviendo al
curso de los hechos, la carta produjo efectos. No se nos contestó, pero cierto
día y con gran premura, el gobernador convocó telefónicamente a los decanos
para esa misma mañana. Esto ocurrió un lunes y sólo pudo ser los días 22 o 29
de mayo; o quizá el 5 de junio. Recuerdo que era un lunes porque yo me había
ido a Alicante el fin de semana y, según mi costumbre, volví el lunes, yendo
directamente a clase sin pasar por el Colegio, donde sólo aterricé a mediodía,
enterándome entonces de la cita, a la que no asistí y de la que no puedo contar
nada.
A esas alturas, con
mayo terminado y los exámenes finales que se echaban encima, nuestra actividad
fue cesando. No recuerdo que pasara nada más.
Muchos colegiales, no
sólo los implicados en los hechos, no recibieron ese verano la carta habitual
que inquiría por su permanencia en el Colegio. Los que no creían estar
comprometidos se dirigieron al Colegio para obtener su reingreso al año
siguiente. Algunos, inocentes de toda “culpa”, no fueron admitidos, por razones
que ignoro. Como es natural, yo me abstuve de cualquier gestión.
El epílogo se produjo
a primeros de septiembre. Después de dejar a Fernando decidir quién volvía al
Colegio, lo destituyeron. Una solución salomónica que parecía dejar la partida
en tablas. Pero, en realidad, habíamos perdido: el Colegio ya no era “nuestro”
y tuvimos que desentendernos de él.
Francisco Vázquez
Martínez, colegial 1968-1972.
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Sorprende enormemente lo relatado por Francisco Vázquez. Había que ser muy osado y bastante inconsciente para que en pleno tardofranquismo, en un Colegio del Movimiento, se promoviera una acción de protesta, coordinada y llevada a cabo, con metodología de democracia: reuniones, consensos, reivindicaciones, solicitud de entrevistas a las altas esferas y hasta la súplica al Jefe del Estado.
ResponderEliminarSería enormemente aclaratorio de esta "rebelión" que aquellos que participaron en las reuniones, en las entrevistas, en las Juntas rectoras o en los capítulos colegiales, nos dieran su versión, para conocer la realidad de aquella asonada colegial, que se llevó por delante al Director, pero también a varios colegiales. Me dice Paco Baños, que Vázquez fue su veterano, pero Paco no recuerda, al igual que muchos, aquellos acontecimientos que, a la vista de los hechos, no parece que se pudieran olvidar tan fácil, pues entrevistarse con el Rector Batlle, un jerarca del Régimen y uno de los "mandarines" espinosianos" de la Murcia del momento, con el Gobernador Civil y recurrir al propio Franco, tuvo que ser, no solo apasionante, si no también acongojante. Por tanto, a ver si se anima la gente y complementa el relato de Vázquez y nos enteramos de las verdaderas intenciones de aquello rebeldes con causa. Resulta muy significativo, que si estos hechos ocurrieron en el curso 72-73, al siguiente, cuando yo entré, nada se comentaba sobre esta situación. Parecía que una cortina de niebla y olvido quisiera ocultar aquella asonada colegial, que forma parte de la memoria de nuestro "Ruiz de Alda". Solo en contadas ocasiones y de forma muy tímida se hablaba de la guerra del pollo y de cierta protesta por la poca calidad de las comidas de aquellos años, pero nada más. Ahora, podemos intuir, que detrás de aquella rebelión había algo más. Por favor, contadlo. Es superinteresante.
Con franqueza, no creo que fuéramos tan osados e inconscientes, Ni siquiera sabíamos que estábamos en el tardofranquismo (el franquismo nos parecía eterno e inacabable como Pedro Sánchez). Buena parte de lo que ocurrió se debió al azar –la huelga, la llamada a La Verdad, la publicación de la nota– y sólo aprovechamos la ocasión.
EliminarPor lo demás todo se hizo respetando la legalidad, no padecí más represalia que no ser admitido en el Colegio al año siguiente –en realidad, ni lo solicité.
A estas alturas, ni reivindico el franquismo, ni he escrito esto para ponerme medallas medio siglo después. Cuento lo que pasó.
Más allá de nuestra intención inmediata – conseguir la destitución del director– lo que pretendíamos era lo que Joaquín Costa resumió como “escuela y despensa”. Queríamos más cultura y comer mejor, y a eso se añadía algo esencial, pero que apenas se mencionaba: la mayor libertad posible. Pero sobre esto no hubo, que yo recuerde, discusiones programáticas. Lo llevábamos implícito.
Hay un error de cronología. Estos hechos ocurrieron en el curso 1971-72, aunque se iniciaron ya en el curso anterior (1970-71). Yo tuve a Paco Baños –dale recuerdos míos, si tienes contacto con él– como novato en 1970-71, y en ese curso mi actividad “contestataria” fue seguramente menor. Si hubo algo más, yo tampoco me enteré (o lo he olvidado), pero me encantaría que otros protagonistas se animaran a contar cosas que yo, sin duda, no recuerdo