13. Bajo el manto de La Arrixaca

Las crónicas de la capital provinciana anticipaban que desde el mismísimo día de la inauguración, el Colegio mayor del SEU Julio Ruiz de Alda “funcionará bajo el patrocinio de la Virgen de la Arrixaca”. Ese día 16 de enero de 1952, en el acto inaugural, el director dejaba patente “la alegría de todos por el nacimiento de este Colegio Mayor que bajo la protección de la Virgen de la Arrixaca nace hoy a la vida en sustitución de aquel viejo hogar que, como este, llevó el nombre glorioso de Ruiz de Alda” (La Verdad, 17-1-1952, pág. 3). Un colegio mayor que, según el ministro de educación que lo inauguraba, había de ser templo, “frente a la visión romántica, positivista, liberal, de la Casa de la Troya” (Línea,17-1-1952, pag. 17).
     El patronazgo de la Virgen de la Arrixaca se convertía así en el catalizador de los intereses patrióticos y religiosos propios del nacional-catolicismo imperante. La elección de esta advocación se inserta en la visión tradicionalista del momento, que intenta revivir las más antiguas creencias y devociones, personalizadas en una imagen que unos murcianos decían que se veneraba en un arrabal de la ciudad desde tiempo inmemorial y otros defendían que la trajo el rey Alfonso en tiempos de la Reconquista de la ciudad. Aunque, fuera de una manera o de otra, el rey liberador aparece como muy devoto de la imagen, a la que dedicó una de sus Cantigas; religiosidad que, unida a la condición de escritor, poeta y protector de la sabiduría, se avenía muy bien con la intención de que el nuevo colegio fuera una luminaria importante en la vida cultural universitaria, que sustituyera “a la vida achatada, anárquica, casi bohemia, trasnochada, en que vivía nuestro estudiantado”, según el ministro inaugurador (Línea, 17-1-1952, pág. 6).     
La Virgen de la Arrixaca, en la capilla del Colegio.
En los tiempos modernos el culto a la Virgen de la Arrixaca tenía lugar en la capilla del Marqués de Corvera, de la iglesia de San Andrés. Y su festividad se celebraba el último domingo de mayo, fecha que coincidía con las apreturas del final del curso para los colegiales. Así que, cumpliendo el deseo de las autoridades del SEU de que la celebración de día de su patrona fuera en un momento clave del nuevo curso, justo al final del primer trimestre, una vez integrados los nuevos, acreditados los méritos de los aspirantes a adquirir el honor de colegiales y puestas en marcha la totalidad de las actividades culturales, fue preciso solicitar la adaptación de la festividad religiosa a las necesidades académicas del nuevo centro. Y dicho y hecho: “Aprobada por el Ilustrísimo Señor Obispo la celebración litúrgica de la festividad de Santa María de la Arrixaca, en el primer domingo de diciembre, el pasado día 6 -decían las crónicas- dieron comienzo los actos conmemorativos en el Colegio Mayor del SEU Julio Ruiz de Alda, colocado bajo la protección de Nuestra Señora en aquella advocación” (Línea, 10-12-1952, pág. 3).
     Las fechas alrededor del primer domingo de diciembre, en que se celebraba la fiesta mayor, estaban ocupadas por un racimo de actividades deportivas y culturales, que ocupaban como protagonistas o atraían como espectadores a la mayoría de los colegiales, y muchas de ellas suscitaban el interés de las élites universitarias y, en general, de las fuerzas vivas de la ciudad.
     En la semana anterior tenían lugar las finales de los campeonatos deportivos interplantas (minifútbol, balonmano, baloncesto, balonvolea…) que se habían venido celebrando durante el trimestre y que culminaban con la entrega de trofeos. Se trataba de unas competiciones que no sólo fomentaban el ejercicio físico, sino que eran un elemento esencial de conocimiento e integración de los novatos y de entrenamiento para los campeonatos universitarios.
     Estas competiciones eran una más de las actividades que festejaban la fiesta mayor del colegio: charlas y tertulias de la Tabla Redonda de la Poesía, recitales y conciertos del Aula de Música, salida nocturna de la rondalla a los colegios femeninos, proyecciones cinematográficas de Kineidos y lecturas dramatizadas de obras teatrales de la vanguardia española y europea. A modo de ejemplo, en la fiesta de la Arrixaca del curso 1966-1967 podríamos haber asistido, entre otras actividades, a la proyección de El arca de Noé de Michael Curtiz, a la lectura teatral de Soledad de Unamuno o al concierto de la orquesta Mozart de Valencia.
     Unos días antes del primer domingo de diciembre, tenía lugar la reunión extraordinaria de la Junta Rectora del colegio, compuesta del director, subdirector, jefe de estudios, los decanos de planta y los consiliarios, para proceder a la elección de los nuevos colegiales.
     Al honor de colegial eran candidatos todos los residentes que no hubieran alcanzado la condición de tales, a partir del segundo año de estancia en el centro. Buena parte de los aspirantes la alcanzaban en segundo curso, si se consideraba que habían tenido un comportamiento ejemplar en las distintas facetas de la convivencia, siendo estudiosos, respetuosos de las normas e integrados en el espíritu colegial. Los demás aspirantes alcanzaban la dignidad de becarios en tercero, o incluso en cuarto, si no se habían distinguido por la participación en la vida colegial, o habían contravenido los buenos usos y las reglas de convivencia. Por eso, en algunos casos se suscitaban pequeños resquemores entre colegiales de primera y de segunda o tercera categoría, en función del pronto o tardío acceso a la condición de colegiales. 
Concluido el cónclave de la Junta Rectora, más allá de la medianoche los junteros acudían a las habitaciones de los elegidos, que esperaban en vela o duermevela la comunicación de la grata nueva, que corría como reguero de pólvora, creando un gran revuelo por escaleras, pasillos y habitaciones.
     Tras los parabienes, el paso siguiente, ya muy avanzada la madrugada, era la celebración informal del evento en un bar asador de Molina de Segura, donde los futuros colegiales y los que habrían de ser sus padrinos, junto con los decanos y algún miembro de la dirección devoraban unas piernas de cabrito, mientras en el exterior clareaban ya las primeras luces del alba. Y no olvidaremos decir que, al regreso, los miembros de la comitiva, algo “alegres” y somnolientos, arribaban al colegio con el riesgo de ser bañados por el agua que les llovía desde algunas de las ventanas, para encontrarse algunos veteranos y nuevos colegiales con que había desaparecido la puerta de su habitación e incluso la totalidad del mobiliario. Una gamberrada que al final se resolvía con la búsqueda de los enseres, que, caso de no encontrarse, obligarían a los damnificados a dormir en el suelo o a no acostarse hasta la noche siguiente.
Todos estos preparativos convergían en la víspera y en el día de la patrona: las ceremonias religiosas, el acto solemne de inauguración del curso y de proclamación de los nuevos colegiales, la comida de hermandad y la fiesta juvenil que cerraba las celebraciones, eventos de los que guardaremos memoria viva y testimonios gráficos para la posteridad, que merecerán atención aparte.
                                                                                                                      
                                                                                                                        José Quiñonero Hernández, colegial 1969-1974.
 

Comentarios

  1. "Señora, Santa María de la Arrixaca, Virgen medieval, Patrona del Colegio Mayor Universitario "Julio Ruiz de Alda. Somos un puñado de hombre jóvenes que tenemos en común una casa y un quehacer......" Así daba comienzo la oración a nuestra Patrona, al final de la Misa en el día glorioso de nuestra festividad mayor. Era el día grande, el acto más importante de nuestro Mayor. Con tal motivo, se elegían los Colegiales Mayores, tomaban posesión y juraban sus cargos los decanos de planta, se entregaban los trofeos y premios de las actividades conmemorativas del evento, nos visitaban las autoridades académicas, civiles, militares y eclesiásticas, se celebraba un gran banquete, donde se decían pareados, con referencia a colegiales o a las autoridades visitantes, a las que siempre se les pedía, de una u otra manera, que regalasen los puros y el tabaco y se terminaba con una fiesta-baile en la sala de visitas, la sala institucional del colegio. En el acto central, un personaje de la política y del gobierno del momento, disertaba con una lección magistral, ante un auditorio de colegiales y familiares, con nuestras mejores galas y el orgullo de pertenencia a una institución, que era faro de la cultura y vida universitaria de aquellos años.
    La noche anterior, vigilia de becas, y elaboración del periódico "Albatros" y de los "sangrientos", donde se criticaba o se ponían de manifiestos cuestiones cotidiana del colegio o relacionadas directamente con colegiales o el personal directivo o de servicio, pero siempre con respeto y cierta consideración. Esa semana era muy movida, pues se celebraban concursos, campeonatos deportivos, proyecciones de cine e incluso, en años anteriores a los míos, conciertos de música clásica o representaciones teatrales. Era la gran semana del Colegio y de sus colegiales. ¡Qué buenos recuerdos de aquellos años en los que fuimos jóvenes y felices!, pero no olvido cuando la víspera de uno de estos días, desapareció la cubertería y a toda prisa, se tuvo que alquilar una. Los cubiertos, días después, aparecieron en Albacete. Lunares negros de una intensa convivencia en fechas tan señalados. Respecto a la Virgen de la Arrixaca, creo recordar que años antes a mi llegada al colegio, se hicieron réplicas de la escultura de la que fue considerada en un tiempo patrona de Murcia, que algunos colegiales conservan, habiéndola recibido de D. Luis Montaner, el capellán. No tuve suerte, pero guardo una pequeña imagen de nuestra Patrona, de unos 15 cm, elaborada en escayola. A ella me encomiendo cada día.. "Santa María de la Arrixaca, ruega por nosotros"

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    1. La original está en la iglesia de San Andrés, junto al Museo Salzillo, en una capilla engalanada con las banderas de todos los municipios de la región que la han acogido temporalmente a lo largo de la historia... Según explicaba el capellán, era una Virgen "de montura" o “de batalla” (iba atada a la silla de un caballo) que acompañaba al Rey Sabio, que ubicaba en su tienda guardando sus sueños y presidía las misas de campaña en sus viajes de conquista. Pero tal excelencia real parece ser fruto de la sólida devoción mariana del Sabio, que ya puso en promoción en su Cantiga 169, en su alabanza de la Virgen en Murcia, hacedora de milagros militares, catalizadores de la victoria cristiana contra el infiel, que se había revuelto con el turbante (y el culo) escocido por el ninguneo castellano tras el pacto de vasallaje. Los atacantes mudéjares fueron paralizados por una “fuerza invisible” (la conversión en sal solo estaba reservada a Yahvé) al tratar de profanar el templo cristiano que albergaba la imagen. En su Cantiga, Alfonso proclamó a Murcia bendecida para la cristiandad bajo la advocación de la Virgen de la Arrixaca.
      Dejando a un lado la magia estimulante de corazones adeptos a los milagros, un reputado colegial (y muy cercano) medievalista, gran estudioso Alfonsino, asegura que la Virgen de la Arrixaca es una talla italiana traída a Murcia por inmigrantes genoveses, establecidos en la ciudad de la mano del irrepetible rey castellano Fernando III "El Santo", constante protectorado cristiano de Murcia.
      Efectivamente, los italianos, (mayoritariamente genoveses y pisanos), banqueros y mercaderes, se establecieron en su demarcación extramuros, dando lugar, junto a castellanos y aragoneses, al Barrio de la Arrixaca (al-Raxaca, "la elegante" o "el paseo"), donde contaban con privilegios comerciales, concedidos por el rey, que desarrollaron en este arrabal (“ciudad de los extranjeros”), el más importante de Murcia, situado en la actual zona de San Andrés y San Agustín (Museo Salzillo, estación de autobuses, tasca “Luis del Rosario” -qué vermú!!-…). y que convirtieron en la “Wall Street” de la Murcia medieval (especialmente calles Sagasta y San Andrés). Y en su iglesia de Santa María (hoy San Andrés), levantada sobre una antigua mezquita, albergaron a la Virgen genovesa , conocida desde entonces como Virgen de la Arrixaca, la cual no estaba en la Catedral como pudiera presumirse, (ya que esta era la mezquita Aljama, que se convertiría años después en iglesia cristiana), sino que estaba con el pueblo rabalero. Alfonso X, al ver la devoción que generaba y su ubicación estratégica (cerca de las Puertas de la ciudad y con espacio para almacenar mercancías), la "adoptó" como símbolo de su victoria y de la nueva Murcia cristiana.
      Prueba de su origen italiano es la comparativa que se hace con otras tallas castellanas, portadora de rasgos que recuerdan a las madonas del área de influencia mediterránea e italiana del XIII, especialmente en el área de Liguria o Pisa. Imagen de “Trono de Sabiduría”, totalmente frontal y de la misma jerarquía bizantina, solemne y rígida; con el niño sentado en el centro, sin interactuar con la madre, típico del estilo italiano de transición del románico al gótico, y con los pliegues del manto tallados de forma geométrica acreditando la influencia de los modelos bizantinos que llegaban por mar a Génova, resultando similitudes con las madonas genovesas y pisanas del siglo XIII. Se diferencia, con su mirada hierática y al infinito, del carácter más maternal de las tallas francesas o castellanas de la época. Al mismo tiempo destaca por su “limpieza de líneas”, que, desde luego, no era nada común en los talleres locales castellanos, donde las vírgenes solían ser más toscas y expresivas (por eso aqui tenemos la Copla), mientras que la Arrixaca tiene una elegancia refinada, casi aristocrática, propia de los talleres que abastecían a las pudientes ciudades-estado italianas. ¿Será por diseño!!? .

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    2. Muchas gracias, amigo Tote Veas, por esta completísima lección sobre la azarosa vida de la "Arrejaca", que con el tiempo vino a patrocinar a nuestro Colegio y a dar nombre al hospital de referencia de la Región. Aunque para nuestro patronazgo hubiera que cambiar radicalmente la fecha de su celebración.

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