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15. La nave de Moby Dick

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El lugar. El Colegio Mayor Ruiz de Alda estaba situado en el barrio del Carmen, a la altura del campo de Zarandona, junto a un almacén de aceites del Paseo de Corvera, al que llamábamos “Oil Company”. Se sabía que el dueño había sido alumno de D. Miguel de Unamuno, y una de sus hijas contrajo matrimonio con el colegial Ignacio Durendez. Si accedíamos por la calle Goya, tenía doble entrada, una por Huerto de Capuchinos, la parte nueva y, otra, por la que más tarde se llamaría Alcalde Juan López Somalo, donde recuerdo se instalaban algunos residentes a tomar el sol, muy próximos a una acequia dotada con airosas palmeras. Estaba muy cerca de la estación de ferrocarril, lugar en el que paseábamos tras la cena, paseo que combinábamos con el de la Gran Vía aún en obras.      Se diría, en aquellos años, que estaba alejado de la Universidad, a la que podíamos llegar por dos caminos: siguiendo el jardín de Floridablanca, el Puente de los Peligros o Puente Viejo, y por Torre de Rom...

14. Vísperas y celebración del Día de la Arrixaca

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Llegado el día de la celebración, como si se tratara de una conjunción astral, las fuerzas vivas, autoridades, jerarquías y representaciones de la capital huertana se concitaban en el Colegio Mayor en una armónica confluencia de intereses, propia del nacionalcatolicismo imperante: allí veríais la devoción religiosa, la exaltación de los credos del régimen representados por el falangismo del SEU, algunos rituales universitarios y manifestaciones lúdico-festivas, a las que asistían encantados los colegiales con sus trajes nuevos, en muchos casos acompañados de familiares y pretendientas.      La víspera y, en su caso, las primeras horas de la mañana, las ocupaban las celebraciones devotas, dedicadas a preparar espiritualmente a los colegiales para el evento, celebradas bajo el manto de Nuestra Señora de la Arrixaca, los primeros años en la iglesia de San Andrés, sede de la patrona, o en la capilla del Colegio Mayor.      A las seis y media de la tarde, ustede...

13. Bajo el manto de La Arrixaca

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Las crónicas de la capital provinciana anticipaban que desde el mismísimo día de la inauguración, el Colegio mayor del SEU Julio Ruiz de Alda “funcionará bajo el patrocinio de la Virgen de la Arrixaca”. Ese día 16 de enero de 1952, en el acto inaugural, el director dejaba patente “la alegría de todos por el nacimiento de este Colegio Mayor que bajo la protección de la Virgen de la Arrixaca nace hoy a la vida en sustitución de aquel viejo hogar que, como este, llevó el nombre glorioso de Ruiz de Alda” (La Verdad, 17-1-1952, pág. 3). Un colegio mayor que, según el ministro de educación que lo inauguraba, había de ser templo, “frente a la visión romántica, positivista, liberal, de la Casa de la Troya” (Línea,17-1-1952, pag. 17).      El patronazgo de la Virgen de la Arrixaca se convertía así en el catalizador de los intereses patrióticos y religiosos propios del nacional-catolicismo imperante. La elección de esta advocación se inserta en la visión tradicionalista del momento...

12. La sala de visitas, atalaya de la cultura y la comunicación

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Suban con nosotros la ancha escalinata que, desde la entrada principal de la calle Huerto de Capuchinos, conduce al pequeño vestíbulo distribuidor de la primera planta presidido por el cubículo de la conserjería, del que parte la escalera principal y la de bajada al sótano. Ahí a la izquierda, verán cómo se abre la puerta de una sala que es la joya de la reciente ampliación del edificio colegial. Un habitáculo de más de cincuenta metros cuadrados, dominado por la claridad y la luz, que lo orientan hacia la apertura y la comunicación. Vean cómo el lienzo norte está ocupado por amplísimos ventanales de forma apaisada, cerrados por amplias cristaleras y protegidos por persianas venecianas, que son como la atalaya que abre el colegio a los aires de la cultura, la modernidad y el futuro. Luminosidad que se ve reflejada en las paredes oeste y sur, compuestas de cuarterones de recio cristal esmerilado, y en el ala este, acabada en ladrillo visto pintado de reluciente blanco agrisado.   ...

11. Taxonomía de apocalípticos, integrados y perplejos

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Deténganse por un momento, a las ocho y media de la mañana o poco antes de las cuatro de la tarde, y vean esas pequeñas hileras de mozos que, siguiendo la llamada Senda de los Elefantes, esquivan vallas, saltan acequias y ribazos y atraviesan solares abandonados y pequeñas huertas, equipados de un hatillo de libros y carpetas, con dirección al Puente Nuevo y, más allá, a las Facultades de la Universidad. Son los residentes en el Colegio Mayor Julio Ruiz de Alda, que asienta sus instalaciones en un paraje muy alejado de la pequeña zona universitaria, que en la Murcia pueblerina no merece siquiera el nombre de ciudad. Situado en un paraje marginal del Barrio del Carmen, en la calle Huerto de Capuchinos, una vía estrecha entre el Paseo de Corvera y la carretera de Algezares, su fachada posterior mira a un pequeño polideportivo, más allá del cual se extiende la nada de brazales y acequias, entre cañares e higueras que bordeaban tahúllas y bancales, buena parte de ellos ya abandonados ante ...

10. El futuro, en la ventana

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Mírenlos. Ahí están, en este otoño de 1969, casi en el aire, como por encima del mundo, en una especie de atalaya de la vida humana, a horcajadas entre el abismo y el ansia de futuro. Mírenlos: unos despreocupados y contentos, atentos solo a salir bien en la foto; algunos con la vista al lado, entre alegres y temerosos ante lo nuevo y lo desconocido; no falta quien mira hacia abajo con una cierta sensación de vértigo, junto a otros de gesto serio y reconcentrado, imagen de una cierta preocupación por lo que se les viene encima; sensaciones encontradas que el último de la fila pretende sacudirse con un gesto enérgico y solemne de confianza en el futuro. Alumnos de la primera promoción de Medicina, en el alféizar de la ventana de la sala de visitas (Foto M. Pérez- Guillermo).      Han venido desde los cuatro puntos cardinales a la metrópoli huertana: de la ciudad, del pueblo o de la aldea; díganse Cartagena, Albacete, Mazarrón, Coy, Guardamar del Segura… Son cada uno de su ...

9. Sones y ecos colegiales del 68

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Esta cifra mítica, referente de una época, ahora se la contempla con cierta añoranza, pero entonces no significaba nada, ni siquiera imaginábamos que íbamos a vivir la década prodigiosa (1960-1970) y que 1968 sería su año talismán. El mito se construiría después.      Muchos han perdido la memoria de aquello, otros dicen que no pasó nada. Pero, en este sentido, se pueden recordar las palabras pronunciadas por el director de entonces (Fernando Martínez y González) con ocasión del 50 aniversario del Colegio Mayor (2002): Llegados a este punto, resulta obligado dejar constancia de dos inesperadas ráfagas de vendaval que inciden de lleno en el centro mismo de la singladura que reseño en este apresurado cuaderno de bitácora: son el mayo francés del 68 y el ocaso vital de la entidad fundadora del Colegio Mayor. Pues bien, el cronista debe añadir que ambos vaivenes, tanto aquel acontecimiento exterior tan próximo como el otro más íntimo de ver morir primero al último de los si...