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Mostrando entradas de abril, 2026

19. Primavera del 72 (II): Cinco días de abril

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Sensación de decadencia y de callejón sin salida. Así estaban las cosas cuando subíamos las escaleras para ir a cenar, el viernes 21 de abril de 1972. Había más jaleo del habitual y la escena era insólita. Un grupito estaba en la puerta del comedor y se distinguía la figura de Manuel Asín, voceando: “¡Otra vez pollo! ¡No entréis!” A mí, que no me gusta el pollo, no hizo falta animarme mucho, y me fui a cenar por ahí con algún compañero. No puedo certificarlo, pero creo que nadie entró.   La cosa, aunque novedosa, no tenía mucho de particular. Pero a la mañana siguiente, sábado, apareció un suelto en el diario La Verdad , tan breve como mal redactado, informando que “los alumnos del C. M. Ruiz de Alda se niegan a comer”. En tono ligero se hablaba de “estómagos caídos” y se mencionaba que la medida se había tomado “tras 15 días de reivindicar una mejor comida”. La cosa seguía sin tener demasiada importancia, pero en Murcia, cualquier cosa que trascendiera a la prensa causaba un terre...

18. Primavera del 72 (I). Prolegómenos con huevos fritos

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En este blog de memorias era preciso incluir la de los hechos ocurridos en el Colegio en el último trimestre del curso 1971-72, y me dispongo a llenar ese hueco, por doble motivo. Fui testigo de primera fila de los mismos y, sobre todo, conservo papeles −llamarles “documentos” sería abuso− de la época que sostienen mi vacilante recuerdo de lo ocurrido hace medio siglo. Entre esos papeles hay tres relatos escritos por mí en esa época y borradores de documentos, no escritos por mí, como la petición de audiencia al Gobernador Civil, o el dirigido al Jefe del Estado, o un resumen de lo ocurrido en la Junta Rectora del 16 de mayo de 1972. Estos papeles, que reuní y conservé, seguramente porque nadie los quería, los volví a encontrar hace unos cinco años. Exhibirlos da cierta vergüenza, pues están escritos con una deplorable prosa juvenil, y abundan en detalles irrelevantes y alusiones ahora incomprensibles. Pero son, junto a mis recuerdos fragmentarios, la materia prima de lo que sigue. ...

17. El ágora de la sala de estar

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Si preguntásemos a quienes vivieron en el Ruiz de Alda en los años 70 y 80 por el espacio más singular y más vivido del Colegio, sin duda alguna responderían que la sala de estar, un espacio multifunción -multipropósito en terminología naval-, aunque en realidad pudiera parecer una especie de carpa circense, en el buen y hermoso sentido de la palabra, con varias pistas. En aquel espacio tan concurrido confluían los espectadores de la televisión con los jugadores de ajedrez, damas y también de dominó, los lectores de la prensa diaria y de las revistas de opinión, con los que tomaban café o esperábamos el toque del timbre para subir al comedor; pero era también el espacio de celebración de las simpliciadas, dónde los novatos, tras juicio inquisitorial, adquirían la categoría de colegiales, sin perder su condición.  Jugadores de ajedrez en el último rincón de la sala de estar.      Allí se discutía de deporte y de política, de las clases y de los profesores, de los amig...